Cada vez soy más consciente de que el diseño no se construye sólo a través de proyectos, sino también a través de las personas que los hacen posibles.
De lo que ves, de lo que escuchas y, sobre todo, de quién tienes delante como referencia.
Por eso, haber sido invitada a la primera edición de WIND: Women in Industrial Design como participante, ha sido algo más que ir a unas jornadas. Ha sido parar a observar el contexto en el que estamos construyendo el diseño.
Un espacio necesario
El pasado 9 de marzo tuve la oportunidad de asistir a este encuentro en la Universidad de Málaga, acompañada por antiguas compañeras de la Universidad de Deusto.
Más allá de las conferencias o las exposiciones, lo que me pareció realmente interesante fue el propio espacio que se genera. Un lugar donde el foco está en visibilizar el trabajo de mujeres dentro del diseño industrial. Donde se comparten experiencias reales, trayectorias y formas de entender la profesión.
Y eso, aunque debería ser algo natural, sigue siendo necesario.
Aprender de quien ya ha recorrido el camino
Escuchar a profesionales como Inma Bermúdez, Diana Sierra, Natalia Grau o Anna Salvans no es solo inspirador. Es importante.
Más allá de sus proyectos, lo que aportan es perspectiva. Te permiten entender que hay muchas formas de llegar, de construir una carrera y de posicionarse dentro del diseño.
Y, sobre todo, hacen algo clave: ponen referentes donde antes muchas veces no los había.
Mi papel en el evento
Dentro de las jornadas, también tuvimos la oportunidad de presentar nuestros propios proyectos.
En mi caso, llevé mi Trabajo de Fin de Grado: un dispositivo móvil dirigido a niños y niñas, pensado como una herramienta para acompañar a las familias en el proceso de mediación parental y fomentar un uso más consciente de la tecnología.
Explicar un proyecto en un contexto así cambia completamente la perspectiva. Deja de ser solo un ejercicio académico y pasa a formar parte de una conversación más amplia.
Te obliga a posicionarte, a argumentar y a entender tu propio diseño desde fuera. Y eso, para mí, es una de las partes más valiosas del proceso.

Referentes: la base de nuestro futuro
Hay algo que me llevé especialmente de esta experiencia: la importancia de los referentes.
Durante mucho tiempo, el diseño industrial —como muchos otros sectores— ha tenido una representación desigual. Y eso no solo afecta a quién está, sino a quién se imagina si puede estar.
Ver, escuchar y compartir espacio con mujeres que ya están desarrollando su carrera en este ámbito cambia esa percepción. Hace que el camino sea más visible. Más real. Más alcanzable.
Y eso no es solo inspirador, es necesario para que el sector evolucione de forma más justa y diversa.
Mi reflexión
Asistir a WIND me ha hecho reafirmar algo que cada vez tengo más claro: el diseño no es solo lo que hacemos, sino el contexto en el que lo hacemos.
Generar espacios donde compartir, visibilizar y cuestionar es parte del propio proceso de diseñar. Porque cuando cambian las referencias, también cambian las ideas.
Y, en consecuencia, cambia el diseño.

